| Sin PyMEs no salvamos la industria |
La alianza estratégica del Estado con las pequeñas y medianas empresas reduciría el desempleo
El Día de la Industria resulta hoy una excelente oportunidad para repensar la alianza estratégica que el Estado nacional debe encarar en esta nueva etapa del desarrollo económico argentino.
El Estado ha ido concretando -en cada momento histórico- alianzas con diferentes sectores del empresariado, que se correspondían con el modelo de país que se pretendía alcanzar.
De esta manera, la historia económica argentina ha conocido infinidad de regímenes sectoriales que, en su momento, hicieron posible el surgimiento de industrias como la automotriz, petroquímica, siderúrgica, entre otras. Actividades que recibieron exenciones fiscales, protección y financiamiento especiales, estímulos a la exportación, sistemas de promoción industrial, etcétera.
La sociedad toda hizo una inversión y subsidió los costos para que esas industrias fueran posibles. Esta política se correspondía con un modelo de país, pero también con el hecho fundamental de que era una época en la que la gran empresa aseguraba la generación de empleo.
La situación ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Las grandes empresas han dejado de ser generadoras de empleo; el proceso de concentración y las nuevas tecnologías fueron factores decisivos de la expulsión de mano de obra.
Por lo tanto, creo que es necesario plantear un cambio drástico en las alianzas estratégicas que el Estado debe desarrollar con los sectores empresariales. Estamos viviendo una época en la que sólo las pequeñas y medianas empresas pueden dar respuesta cabalmente al flagelo del desempleo. Esta es una afirmación que ya nadie discute.
En consecuencia, es con estos sectores PyME -flexibles, de rápida reacción frente a las demandas del mercado, generadores de fuentes de trabajo- con los que hay que desarrollar en forma inmediata una nueva alianza estratégica, sin dejar de favorecer -con total transparencia- las inversiones en ciertas áreas donde las PyMEs no pueden, por distintos motivos, incursionar.
Para que esto sea posible es necesario incorporar definitivamente la necesidad de fortalecer, apoyar e impulsar a las PyMEs como un concepto indiscutible y central en cualquier estrategia de crecimiento y democratización de la economía.
De la misma manera que la modernidad impuso valores que se convirtieron en universales (educación y salud para todos), hoy es necesario otorgarles la misma jerarquía a la defensa y al desarrollo del empleo. Porque el derecho al trabajo ha sido violado, y el apoyo al desarrollo de las PyMEs es la única forma de democratizar la economía y generar puestos de trabajo. Esta democratización tiene, además, un componente decisivo en esta época, que es el compromiso de una gestión pública transparente.
Cuanto más concentrado se encuentra el poder económico, el Estado es más proclive a la corrupción. He aquí la importancia adicional que tienen la democratización del tejido productivo y la nueva alianza que planteo.
Cuestión de compromiso
Para que esto sea posible es necesario un fuerte compromiso del Estado, con el objetivo de generar condiciones de equidad a fin de que las nuevas PyMEs puedan desarrollarse y competir, compensando la desigualdad de oportunidades en que se encuentran. No se trata de favorecer a un sector, sino de privilegiar el empleo y el trabajo, porque éste es el elemento fundamental de la cohesión social y el nexo vinculante del individuo con la sociedad, y porque la posibilidad de ganarse la vida con su trabajo es uno de los principales derechos humanos.
Este compromiso del Estado no puede ser sólo declarativo sino que debe traducirse en políticas activas concretas y en el otorgamiento del financiamiento necesario para que puedan llevarse a cabo. Los fondos que garanticen esta política deben estar incorporados en los presupuestos nacional, provincial y municipal, así como lo están la salud y la educación.
Es importante destacar, sin embargo, que ésta no es sólo una cuestión del Estado, sino que es de todos. No puede ni debe ser mirado como un problema de los otros, sino que involucra a toda la sociedad porque hace a la convivencia civilizada.
La sociedad hoy necesita a las PyMEs. Sobre esta afirmación existe consenso social. Ahora se trata de pasar a la acción. Sin temores. Esto significa que debe reflejarse en la política económica, en las decisiones tributarias, en el presupuesto nacional y en todos los ámbitos necesarios para que ese apoyo a las PyMEs abandone el mundo de las palabras e ingrese en el de los hechos, asumiéndose como política de Estado.
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RAFAEL KOHANOFF. Ex secretario de Industria del Gobierno de la
Ciudad /
El Clarín (Argentina), Sábado 2 de septiembre de 2000 |
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