Costa Rica
COMBATE DE LA POBREZA
Lo social y lo económico: dos caras de la misma moneda


El tema del estancamiento en los niveles de pobreza figuró, de nuevo, en el reportaje de La Nación del 4 de marzo pasado, en el que erradamente se achaca el problema de la falta de logros en la lucha contra la pobreza solo a fallas en las políticas sociales.

Ha disminuido la eficacia de los programas dirigidos a los pobres. Sin embargo, el reportaje yerra al plantear asociaciones simplistas entre programas y pobreza, sin advertir que ya hay un universo de experiencia en Latinoamérica que comprueba que no basta la existencia de programas públicos destinados a los pobres para proclamar una política coherente y eficaz en esta materia.

Una verdadera política social parte de la visión de que lo social y lo económico son dos caras de la misma moneda. Por eso, el combate a la pobreza requiere la creación de un ambiente propicio para el desarrollo y fortalecimiento de la actividad económica generadora de empleos de calidad. A partir de ahí, otras medidas vienen a complementar la creación de oportunidades para que los pobres puedan salir adelante.

Medidas paliativas. Últimamente, se han aplicado enfoques de combate a la pobreza orientados a paliar los efectos empobrecedores de las políticas aperturistas, sin revertir el proceso por el que las familias pobres no encuentran oportunidades para salir de ella. Las políticas de apertura a ultranza tienden a limitar la actividad productiva nacional para mantener un "clima de inversiones atractivo" para el capital extranjero. Con ese fin, se restringen créditos y facilidades al productor para impedir el crecimiento de la oferta monetaria y consecuentemente sostener bajos niveles de inflación y tasas de interés. La estabilidad cambiaria se pretende lograr, pese al aluvión de importaciones, mediante el ingreso de capitales que refuercen las reservas de divisas del Banco Central.

Las medidas paliativas, por lo general, consisten en la concesión de regalías o transferencias de bienes o servicios públicos a los grupos directamente afectados por la pérdida de capacidad del aparato productivo nacional; es decir, el que está en manos de costarricenses. Por eso, los indicadores de "efectividad" de la "política social" del actual gobierno son cifras de cosas donadas a los pobres, comparadas con sus propias metas, sin relación alguna con la creación de oportunidades sin el nefasto clientelismo.

¿Basta con la educación? Si se miran las características de los pobres, sobresale el dato de su relativamente baja escolaridad. De aquí se ha sacado la fácil conclusión de que la pobreza se resuelve aumentando los niveles educativos de los sectores pobres, olvidando que el sector informal ha sido el más dinámico en la creciente absorción anual de la oferta de trabajo, en menoscabo de la calidad del empleo.

La correlación educación-pobreza resulta lógica si pensamos que, al encogerse la cobija del empleo de calidad, los que van quedando descubiertos serán los peor preparados para conservar o buscar un buen empleo (los "menos aptos", en términos darwinistas). Pero, si la cobija se sigue encogiendo o no crece, poco ganamos con dar más educación, pues no hay empleos para colocarlos. Sin desmerecer la importancia de la educación per se, la comparación relevante es pobreza-empleos de calidad, que solo puede proveer una economía nacional (no solo interna) en crecimiento. Alguien podría afirmar que la calidad del empleo la da la educación. Esto no necesariamente es cierto. Basta ver lo que está sucediendo con algunas profesiones donde cuesta cada vez más conseguir un puesto de trabajo remunerado. No basta encontrar un trabajo. Este tiene que retribuir la inversión en educación realizada.

Nefasta experiencia. Hace unos 20 años, cuando se inició en Latinoamérica la nefasta experiencia de los fundamentalistas programas de ajuste, la caída en picada de los niveles de vida de la población inundó los centros urbanos de desesperación y hambre. La respuesta (la "política social") aplicada fue la de repartir entre los pobres un tipo de galleta fortificada para disminuir la inanición y la desnutrición. Si bien dicha "política" sirvió para que muchos niños no murieran de hambre, en ningún momento pretendió sacar de pobres a sus "beneficiarios". Esto solo iba a ocurrir por el "goteo", pero este tampoco surtió efecto.

Si continuamos favoreciendo lo especulativo en detrimento de lo productivo y la atracción de capital extranjero a costa del estímulo al productor nacional, las oportunidades de empleos plenos se reducirán aún más para los millares de universitarios graduados anualmente, llenos de ilusiones, pero carentes de suficientes oportunidades de trabajo. De seguir por este camino, olvidando que el fin último de la política económica es el bienestar de las mayorías, la política social equivaldrá a repartir galletas.

Josette Altmann Borbón
Historiadora y politóloga
 

JOSETTE ALTMANN BORBÓN / La Nación (Costa Rica), Jueves 04 de abril de 2002

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