Venezuela
UN ESTUDIO DE DATANÁLISIS DEMUESTRA QUE SÓLO LOS RICOSAHORRAN SUS UTILIDADES
80% de los venezolanos se gasta hasta el último bolívar

La investigación revela que al ser hedonista, despreocupado por el futuro y fiel creyente de que en la vida todo es cuestión del azar, el ciudadano común no tiene otra opción que convertirse en un comprador compulsivo en Navidad


De nada sirvieron las marchas, la discusión política y el agudo ruido de las cacerolas. Los colores rojo y verde de la Navidad no se empañaron y menos aún quedó aguada la decisión de salir a comprar irracionalmente los regalos del Niño Jesús. Esta semana se llenaron las tiendas de ropa y juguetes, los bodegones, los supermercados y hasta las calles, pues llegó la Navidad y hasta los buhoneros se beneficiaron de ello.

“El desborde de compras fue alucinante después que pasó el temor por el paro del 10 de diciembre”, dijo Arnaldo Alfonzo, presidente de la Cámara Venezolana de la Industria Juguetera, a propósito de la cantidad de pedidos que han tenido los fabricantes de ilusiones infantiles. “La muñeca Bratz ya está agotada, si encuentra una me la compra”, comenta el juguetero, ejemplo de la euforia. Razón tiene el estudio cualitativo de Datanálisis. En un trabajo que consistió en entrevistas personales con el venezolano común, obtuvo como conclusión que 80% de la población se quedó sin un bolívar en esta Navidad, una vez que salió de compras a los centros comerciales y supermercados. “En Venezuela hay dos tipos de consumidores navideños: los que tienen mucho dinero y decidieron reservárselo para el próximo año, y los que ganan menos pero están dispuestos a gastar todas sus utilidades y quizás hasta se endeudan para el año que viene”, aseguró Luis Vicente León, director de la encuestadora, al terminar una serie de entrevistas con personas de diferentes estratos sociales.

Eso quiere decir que las negativas proyecciones económicas de 2002, una licuadora donde se mezclan altas tasas de interés, más desempleo y menos ingresos para la población, no hicieron mella en la decisión de la mayoría de la población: los estratos B, C, D y hasta E sacó todo el dinero de la cuenta de ahorros.

Por supuesto que gastó menos que en años pasados, pero por una única razón: el poder adquisitivo de la población lleva tiempo cayendo de forma progresiva. “Las compras de hoy en día son parecidas a los gastos de la Navidad pasada, pero no se comparan con la inversión que el venezolano acostumbraba a realizar en diciembre de 1999, ya que el ingreso real es de siete puntos por debajo del salario que se recibía hace cinco años”, acota León.


Consumidores vanidosos

“Son hedonistas”, define el analista al ciudadano común. “Necesitan demostrar que sí pueden sobrepasar la situación adversa y creen que su futuro será producto del azar”, agrega más cualidades a un personaje con el que muchos se pueden identificar.

Un test es suficiente para saber quién pertenece a ese grupo. Aquellos que decidieron esta Navidad adquirir un vehículo –en algunos casos el presupuesto alcanzó para los del tipo económico y familiar– o pagaron la inicial de un apartamento, sin importar que acababan de comprometer todos sus sueldos de la próxima década, pertenecen según León a los botarates de esta temporada decembrina que creen que “Dios proveerá”.

La industria automotriz se ha beneficiado de esa actitud, pues al cierre del mes de noviembre las compras de automóviles habían aumentado 35% con respecto al año anterior, gracias a la venta de 197.375 automóviles.

“También pertenecen a este grupo los que compran cada vez más marcas reconocidas en Navidad, porque buscan símbolos que demuestren su status”, observa el analista. Pero aquí el grupo se divide: los que pertenecen a los estratos sociales más bajos no les importa gastar hasta el último bolívar para subirse a unos zapatos Nike, adherirse a unos pantalones Levis o unas camisas Tommy, aunque su poder adquisitivo los obligue en la mayoría de los casos a buscar las imitaciones entre los buhoneros de la ciudad. Incluso la antena Directv se convirtió en otro símbolo de reconocimiento social en los barrios de la ciudad. “Los más pobres son vanidosos en extremo”, subraya León.

Eso no quiere decir que el resto del grupo, la mítica clase media, dejará de comprar ropa. Caso contrario, harán esfuerzos para realizar sus acostumbrados viajes de fin de año para llenar la maleta de prendas nuevas. “Quizás no lleguen a Miami, en su tradicional paseo de compras, pero Aruba o la isla de Margarita servirán para adquirir su ropa de estreno”, comenta el economista.


Cuando el mall es el centro

Lo cierto es que ricos y pobres compraron y la mayoría acudió a los centros comerciales. “Los venezolanos se acostumbraron a buscar ropa de marca en estos nuevos espacios, que son más agradables y ofrecen mejores servicios”, asegura León. Un fenómeno que tiene su ejemplo en el centro comercial Sambil. “El año pasado 130 mil personas recorrían este mall en un día, pero el primer sábado de diciembre habían visitado el Sambil 150 mil caraqueños”, enumera Alfredo Cohen, director de la Constructora Sambil. Es verdad que no todos compran en sus paseos por el mall, pero en esta época el empresario calcula que de los 150 mil, al menos 80 mil se deciden a comprar sus regalos en estos días, cuando a mediados de año sólo 20 mil sacaban sus tarjetas de crédito en alguna tienda conocida. Coincide con León en que existe un boom de las marcas. “Alrededor de 10% de las tiendas del Sambil han cambiado de ramo para darle paso a tiendas de marcas internacionales”, comenta Cohen, quien calcula que las ventas de esta Navidad aumentarán 20% en las cajas registradoras del shopping.


Ricos precavidos

Pero existe un sector diferente. Son, en su mayoría, los venezolanos con mayor poder adquisitivo y mejor educación, quienes después de analizar la situación decidieron postergar el regalo de la primera Navidad del siglo. “Han decidido ahorrar porque su percepción del futuro es complicada”, asegura el analista. Sus entrevistados sólo se preocupan este diciembre sobre cuál será el lugar más seguro para colocar su dinero y pierden menos tiempo en decidir qué activos reponer. “Sus viajes están cancelados, sus compras de ropa no serán excesivas y su inversión en activos (inmuebles o carros) la han hecho a lo largo del año”, los compara León.

Pero no serán comedidos a la hora de las fiestas. Un menú tradicional y exótico se servirá repetidas veces este mes de diciembre en la mesa de los ricos para no caer en el aburrimiento. “Este grupo amplificará de manera dramática su compra de alimentos para celebrar esta Navidad”, vaticina el analista. Entre los productos que pasarán de manos en cada recepción se cuentan los patés, el jamón serrano, la mortadela con pasticho y demás embutidos importados. “Y el salmón”, agrega León, “pues se convirtió en un símbolo cotidiano que no faltará en la mesa, aunque sea un producto atípico para estas fechas”, apunta. Caso contrario, los pobres reducirán su celebración, pues no dejarán de comprar el reloj de moda o el último pantalón a la cadera. “Regalarán sólo a sus familiares más cercanos e incluso reducirán la cantidad de hallacas que acostumbran repartir entre sus conocidos”, añade León, para dejar claro que la consigna este diciembre será consentirse uno mismo, sin pensar en lo que mañana suceda.

Los supermercados colaborarán en el esfuerzo familiar al mantener sus precios. “Los productos de la cesta navideña que este año llegaron antes a las despensas de los supermercados, no subirán más de 10%, para lograr que las ventas se mantengan iguales a las de la Navidad anterior”, promete José Dinis de Sousa, presidente de la Asociación Nacional de Supermercados y Abastos. Los repuntes de las ventas a finales de noviembre y la primera quincena de diciembre le confirman que la estrategia dio buenos resultados.


Para los juguetes sí hay

“Pase lo que pase en este país siempre habrá Navidad para los niños”, se inspira Arnaldo Alfonzo. Está acostumbrado a trabajar para las épocas navideñas, así que este juguetero aprendió que aunque se haya vuelto costumbre que se produzcan elecciones, paros y conflictos políticos al principio del mes de diciembre, los padres nunca dejarán de comprar los regalos de sus hijos. La Cámara estima que las ventas aumentarán 10% este año, en comparación con los 150 millones de bolívares que la industria generó el año anterior, “simplemente porque todo el país hará el esfuerzo para que los juguetes siempre lleguen a manos de los niños”, sentencia.


San Nicolás necesita 30 mil bolívares

No hay excusa para comprar juguetes. La industria juguetera adaptó este año sus precios, conforme al delgado bolsillo de los padres venezolanos. Las extrovertidas e irreverentes muñecas de moda que piden todas las niñas cuestan menos de 30 mil bolívares, precio similar al que exigen los deportistas y aguerridos muñecos que quieren tener los niños este diciembre, mientras el resto de los juguetes tradicionales tienen muchas ofertas. “Un juguete cuesta entre 6 mil y 30 mil bolívares. Ese es el tope”, afirma Arnaldo Alfonzo, presidente de la Cámara Juguetera en medio de un salón repleto de carritos, bicicletas y muñecos de plástico, donde describe con precisión el gusto de los niños esta Navidad.

La Bratz de Kreisel es la preferida de las niñas. Hasta ahora se han colocado 30 mil de ellas, un número récord para la industria. Le sigue en la carta del Niño Jesús la tradicional muñeca Barbie, esta vez vestida para salir a la más brillante escena de Cascanueces. Y la tercera más vendida es la Diva de Mattel. “Todas ellas cuestan entre 15 mil y 30 mil bolívares”, asegura Alfonzo.

Además, existen opciones más económicas de las tradicionales muñecas Bebé Querido y muchas imitaciones nacionales de la rubia más famosa de las últimas décadas, cuyos precios oscilan entre 6 mil y 19 mil bolívares.

A los niños, por su parte, ya no les interesa la guerra. “Las pistolas han desaparecido del mercado y los sucesos del 11 de septiembre han despertado el interés por los héroes de la ciudad”, comenta el juguetero la tendencia. En la mano tiene el muñeco de moda. Se llama Max Steel este musculoso hombre de plástico que bien puede manejar una patineta, una bicicleta y un monopatín, pues es un deportista extremo. Su precio varía entre 25 mil y 30 mil bolívares. Lo mismo cuestan los valientes hombres bomberos y policías que llaman también la atención de los jovencitos.

El otro regalo convierte en deportistas a los propios niños. Alfonzo asegura que el combo “triple acción” que ofrece la fábrica Tamanaco es el segundo juguete más vendido esta Navidad. Se trata de una pelota de voleibol, otra de fútbol y una de baloncesto que se ofrecen por menos de 30 mil bolívares en una gran caja, al igual que el combo de bate, pelota y guante para los pequeños peloteros de la casa.

“Eso sí, no se dejó de vender este diciembre la cocina para las niñas y la tradicional patineta o bicicleta de todas las Navidades”, enumera Alfonzo los juguetes tradicionales que pueden costar entre 6 mil y 100 mil bolívares.

El caso de las bicicletas es interesante, pues la industria nacional ha comenzado a ofrecerlas con amortiguadores y múltiples velocidades, en vista de que los niños exigen cada vez más la inyección de tecnología. Igual interés han despertado en ellos las computadoras infantiles. Y si el padre decide apostar por estos juguetes inteligentes, deberá pagar hasta 200 mil bolívares.

 

CORINA RODRÍGUEZ PONS   / www.El-Nacional.com  (Venezuela), Lunes 24 de diciembre de 2001

.